Decidí retomar el blog, volver a expresarme de una de las mejores maneras que conozco y que mejor se me da ya que siempre he sido pésimo para hablar (aunque hemos mejorado eso un poco). Precisamente por eso el título de esta entrada “Perdí”;
Siempre he tenido miedo de perder, llegando a un punto en el que simplemente decidí no arriesgar nada, simplemente complacía a los demás haciendo poco lo que me gustaba y así no darles razones para que se alejaran de mí.
Desde hace un par de años la vida se ha encargado de hacerme perder unas cuantas cosas y, temeroso de eso claro, pensé que era un enorme paso atrás en lo que quería, pero todo lo contrario, fue de las mejores cosas que me ha podido pasar.
Perdí miedos, falsas esperanzas, personas que no aportaban nada positivo a mi vida, formas erradas de ver la vida y mucho más.
Perdí las ganas de permanecer estático;
Perdí el miedo a crecer;
Perdí las ganas de ser lo que los demás querían para empezar a ver lo que en realidad soy (spoiler: aún soy muy aburrido, pero es un trabajo en progreso constante);
Perdí el miedo de ir siempre por lo seguro y empecé a arriesgarme, a ir por lo que quería (de las mejores experiencias que he vivido, y voy por más);
Perdí el miedo a mostrar los lados de mí que oculté a todos, por temor a lo que pensaran de mí;
Perdí el miedo a expresarme sin filtros, aunque sin dejar de lado el respeto hacia algunas personas;
Perdí el miedo a entregarme a algo que amaba (“y dejar que me despedazara”), gracias a eso descubrí que puedo dar y, más importante, ser mucho más de lo que creía;
Perdí (y si no es así se encuentran en una pausa muy prolongada) contacto con personas cuyo interés era solo para yo estar para ellos, pero ellos jamás para mí;
Perdí las ganas de desperdiciar oportunidades que dejaba ir por creer no merecer;
Y, por último, pero no menos importante: Perdí el miedo de arriesgarme a amar sin medida, porque no puede limitarte cuando el amar te cambia por completo desde el primer instante.


