martes, 9 de enero de 2018

Perdí

Perdí
Decidí retomar el blog, volver a expresarme de una de las mejores maneras que conozco y que mejor se me da ya que siempre he sido pésimo para hablar (aunque hemos mejorado eso un poco). Precisamente por eso el título de esta entrada “Perdí”;
Siempre he tenido miedo de perder, llegando a un punto en el que simplemente decidí no arriesgar nada, simplemente complacía a los demás haciendo poco lo que me gustaba y así no darles razones para que se alejaran de mí.
Desde hace un par de años la vida se ha encargado de hacerme perder unas cuantas cosas y, temeroso de eso claro, pensé que era un enorme paso atrás en lo que quería, pero todo lo contrario, fue de las mejores cosas que me ha podido pasar.

Perdí miedos, falsas esperanzas, personas que no aportaban nada positivo a mi vida, formas erradas de ver la vida y mucho más.
Perdí las ganas de permanecer estático;
Perdí el miedo a crecer;
Perdí las ganas de ser lo que los demás querían para empezar a ver lo que en realidad soy (spoiler: aún soy muy aburrido, pero es un trabajo en progreso constante);
Perdí el miedo de ir siempre por lo seguro y empecé a arriesgarme, a ir por lo que quería (de las mejores experiencias que he vivido, y voy por más);
Perdí el miedo a mostrar los lados de mí que oculté a todos, por temor a lo que pensaran de mí;
Perdí el miedo a expresarme sin filtros, aunque sin dejar de lado el respeto hacia algunas personas;
Perdí el miedo a entregarme a algo que amaba (“y dejar que me despedazara”), gracias a eso descubrí que puedo dar y, más importante, ser mucho más de lo que creía;
Perdí (y si no es así se encuentran en una pausa muy prolongada) contacto con personas cuyo interés era solo para yo estar para ellos, pero ellos jamás para mí;
Perdí las ganas de desperdiciar oportunidades que dejaba ir por creer no merecer;
Y, por último, pero no menos importante: Perdí el miedo de arriesgarme a amar sin medida, porque no puede limitarte cuando el amar te cambia por completo desde el primer instante.

domingo, 11 de diciembre de 2016

¿La inevitable constante?

 Salir lastimados. Parece una de esas cosas que no se puede evitar mientras uno (realmente) viva.

Es ese dolor que algunas veces es tan nimio que apenas lo sentimos, otras que nos detiene momentáneamente o que puede ser tan intenso que nos haga caer.
Pero ¿qué es la vida (o destino, fortuna o como lo quieras llamar) sin el dolor? ¿Para qué la vida nos hace daño?

 Claramente si sabemos que hemos tomado una mala decisión sabemos que tarde o temprano vamos a salir lastimados. Otras veces simplemente que estamos en la vía correcta, por eso aceleramos el paso y no nos permitimos ver el gran muro con el que nos vamos a estrellar. En otras cuantas ocasiones saldrás herido porque era tu turno (quizás es una forma de karma, para ponerle un nombre que quizás los haga sentir mejor). Pocos quieren el dolor (existen los masoquistas *aunque todos tenemos nuestra propio gusto particular por cierto tipo de dolor*) y por ello tratan de huir de él.

Mediante mucha planificación o algunos simplemente se privan de muchas cosas (como, por ejemplo, verdaderamente vivir) pero la realidad inevitable es que siempre llega, de una u otra manera.
Sin embargo recientemente aprendí que el dolor, más allá del buscarlo o toparse con él, es realmente (un mal) necesario.

¿Qué otra cosa, quitando la inspiración, nos impulsa a crecer más que el dolor? Cuando ciertas partes de nuestras vidas se “destruyen” por el dolor, y luego de pasar por el debido y siempre único proceso de, llamémoslo, duelo, cuando nos llega el tiempo las volvemos a reconstruirlas, con fortuna, en mejor forma.

 A base de ciertos pesares que sufrimos la vida nos pone en el camino correcto para ser mejores (o peores, si se quiere) personas.

 Ya después de superado el dolor y mostrar al mundo una nueva versión de ti mismo siempre habrá unos pocos y breves momentos en los que una leve punzada de dolor volverá a recordarte el porqué debemos seguir en la búsqueda constante de ser siempre la mejor versión de nosotros mismos.

jueves, 27 de agosto de 2015

Antes

Cambios: parte inevitable y muchas veces necesaria en la vida, en unas ocasiones por decisión propia y otras por giros del destino que no podemos explicar, hasta quizás unos años después. Siempre cambiamos, interna y externamente, en ocasiones las 2 a la vez.

Cuando tenemos o buscamos pareja sin duda cambiamos, puede que en pequeños o en grandes rasgos, quizás también en algo trascendental, aunque si eso sucede debemos ver que sea por decisión propia, no para complacer a alguien más, alguien que llega a tu vida, sé tú tu propia prioridad.

Quién te quiere, te quiere por todas tus virtudes, eso es lo que nos atrae al principio, y permanece a pesar de tus defectos.

De manera consciente o no, llegan personas a tu vida que te cambian, si es para bien o para mal depende de ti y del contexto del cambio, como pueden ser costumbres, hobbies, manías, pueden sumar o quitar miedos a tu vida, sumar o restar alegrías y un gran etcétera pero ¿y si alguien quisiera cambiarte a "una versión anterior de ti" lo permitirías?

Antes de que pusieron miedos en ti que no dejan salir esa confianza en ti mism@ que tan bien te queda;
Antes de construirte una muralla reforzada cubriendo tu corazón en el cual pocos pueden ver y mucho menos entrar;
Antes cuando podías ver el lado bueno y el lado malo de las personas y no pre-disponerte a pensar en las malas intenciones;
Antes cuando podías querer sin pensar en cuan lastimad@ saldrías si esa relación no era lo que querías;
Antes cuando la palabra "ilusión" significaba pensar en el futuro y ahora solo causa temor por tantas ilusiones y promesas rotas por gente del pasado;
Antes cuando te permitías escuchar y creer en frases y palabras bonitas y no las vieras como el previo a que te podrían romper el corazón;
Antes cuando una sonrisa podía ponerse en tu rostro en cualquier segundo, y no ahora que libras una batalla interna con algunos demonios antes de mostrarla;
Antes...

  ¿Seria tan malo volver a ser esa "versión" de uno mismo?

 ¿Podría ser incluso necesario ese cambio?

 ¿Harias eso por alguien que te importe mucho?

 ¿Permitirías que intentarán hacerlo contigo?

lunes, 10 de agosto de 2015

Libera tus palabras.

¡Finalmente venciste al miedo! O al menos momentáneamente, y le dices lo que sientes a esa persona.

Eso si que ha sido un alivio ¿no crees?
Contrario a lo que creías, no se acabo el mundo, ninguna señal o acontecimiento cósmico ha caído sobre ti, no se cumplió la profecía de los Mayas o nada de lo que tu mente proyectado en todo ese tiempo que te debatiste si decirlo o no, dejando de lado la importancia de lo que creyeran que pensarían los demás y dándote importancia a si por sobre todo, dejando que las palabras sean las protagonistas.

¿Qué viene ahora? Ver el impacto de las palabras que por tanto tiempo dejaste de pronunciar y ver que cambios vienen, porque ninguna declaración viene sin un cambio, no importa que tan pequeño sea o se crea que es.

¿Por qué sera que le tememos tanto a esas pequeñas (o grandes, dependen de lo que calles) palabras que tu mente calla?

Un gran discurso puede estar lleno de nada, mientras que una declaración de no menos de 5 palabras pueden comenzar el inicio de, incluso, una nueva vida.

Entonces piensa ¿por qué tienes tanto miedo a decir algo que esta en la punta de tu lengua hace tanto? Si es miedo al cambio ¿realmente estás viviendo la vida que quieres?




lunes, 28 de abril de 2014

La culpa es del punto de vista


¿Y si no todo fuera "correcto" o "incorrecto"? ¿Y si tan solo depende del punto de vista moral, ético y personal de cada persona que te rodea?

Toda mala experiencia deja algo bueno, solo que no lo notamos inmediatamente por el dolor que sufrimos; y viceversa.

Cuando pedimos un consejo, ya saben, de esos que tratamos de escuchar pero en realidad casi nunca seguimos, al escuchar depende de la experiencia e incluso de como la persona piense que debas actuar en ese momento; puede que te aconseje lo opuesto a lo que hizo en el pasado para averiguar si su propio "¿qué tal si...?" se ve reflejado en esa acción y ver si a final de cuentas tomo la decisión correcta aunque se sabe que la experiencia aunque muy similar no es la misma; también esta quién aconseja mediante la lógica, que puede que lo veas como el ser "frío de alguien que deja sus emociones de lado" o el consejo de la persona impulsiva, de esos de "que pase lo que deba pasar".

Allí se llega al ¿quién tiene la razón?
Al punto de vista, solo puedes seguir 1 consejo y, seguramente, si no sale como esperabas juzgaras a quién te aconsejo y dirás "que terrible consejo, no se para que me moleste en preguntarte, ahora todo esta peor" pero ¿fue su culpa? No, te dieron una vía, el tomarla fue unicamente decisión tuya.
Él/la solo intento ayudar, y por pedido tuyo; además, hay infinidad de consejos, puntos de vista, experiencias similares y tipos de consejos que pueden llegar a ti ¿cómo saber cual es el correcto? O si existo uno correcto en tal caso.

Puede que el consejo que menos imaginabas, el 1º que descartaste, el de alguien a quién no quisiste pedir consejo o quizás es una de esas situaciones de esas en que no debes hacer nada.

Porque a pesar de lo que se cree no hacer nada es simplemente dejar que las cosas sigan su curso natural sin modificar algún patrón.

Si debemos usar un cliché para este tipo de situaciones es "lo único predecible de la vida es que es impredecible" ¿que puede pasar? Que el punto de vista que necesites sea el propio y no el de un(a) 3º; que debas recurrir a la última persona que pensaste que alguna vez debiste pedir un consejo o incluso dejar que lo "malo" suceda, que te veas afectado y tener esa enseñanza y aprender con el tiempo que es lo bueno de que eso haya pasado. Solo quizás.

jueves, 15 de agosto de 2013

Aceptar vs Criticar... o mandar a la mierda.

En el desastre que algunos llaman "mente" esto tiene alguna especie de sentido para mi, veamos si para el que lo lea también es así.

"Todos tenemos nuestros limites" me dice una amiga.
Todo lo que nos gusta, nos hace colmar la paciencia o no nos importa es el resultado de la adaptación, que aumenta o se reduce conforme los años pasan.

Siempre habrá algo que a ti no te guste pero quizás a algún familiar, amigo o pareja si, y a veces querrás ser así de "tolerante" cuando por lo general no te importa o te saca la piedra, queriendo a su vez "matar gente". Esa tolerancia que no logras tener pueda ser por tu forma de ser o una tendencia a juzgar cosas que te importen poco.

O esta lo contrario, puede que seas del tipo de persona que ve y detalla lo que otros hacen y, en pocas palabras, te resbala, te importa tan poco como la hormiga que pasea cerca de la planta que realiza la fotosíntesis, cosa en la que ni pensabas.

Esos son los limites de los que hablo, y como todo, nada en exceso es bueno.

Ser muy critico, a menos que te paguen por ello (y aún así hay casos de casos), puede dar a entender 1 de 2 cosas:
   -Eres un inconforme con cada aspecto de la vida, tanto propia como ajena, lo que se puede resumir es que eres un intens@ mal pegad@ sin nada mejor en la vida que buscar lo malo a cada cosa que ocurra.
   -Quizás también seas de los que han pasado tantas cosas malas que su método para drenar es sacar a relucir lo negativo de los que lo pasan bien, solo para poder ver por unos momentos a la gente ser miserable y amargad@s como esa misma.

Y luego esta el otro aspecto:

Somos capaces de aceptar que hagan, más no que nos hagan, cosas que en otros momentos no dudarías 2 segundos en dar a conocer tu opinión al respecto. ¿Por qué sucede? Apatía, costumbre o un cambio temporal en lo que antes no te gustaba, para intentar tener otro punto de vista.
Aceptar tantas cosas tampoco es algo que podamos hacer día a día, ¿para que aceptarlo cuando tu no harías eso?, ¿es acaso una necesidad de ser aceptado o llamar la atención de los que te rodean?, ¿y si esa gente se busca un poco de criterio propio en lugar de buscar atención?

Hay momentos en que somos muy críticos o aceptamos muchas cosas desagradables, en especial esos que niegan serlo. Los primeros en ocultarlo son los primeros aludidos.
A fin de cuentas al momento de ser intensos en distintos aspectos no hay punto medio, ni siquiera buscándolo.

Lo que nos queda es: ser como realmente somos, al fin y al cabo hay gente que te quiere y ama de esa manera; intentar cambiar ese aspecto que ya te cansa (seamos claros, todos en cierto punto nos cansamos hasta de nosotros mismos) no es malo, no te va a dañar, ampliar los conocimientos y/o horizontes es algo que siempre se debe hacer.

O queda la última y, de vez en cuando, lo más sencillo... mandar todo a la mierda.

domingo, 19 de agosto de 2012

Con la lluvia vienen los recuerdos




Recuerdos vuelven, la lluvia es la culpable y sin querer nos quedamos viendo a la nada mientras nuestra mente hace un viaje por los recuerdos de un pasado que, algunos, no quieren que se repita.
La primera vez que nos vimos; las primeras palabras que cruzamos;besos; 
el esperado y ansiado “primer paso” para ser más que amigos;
opiniones (que te importan y otras que no) de amigos y conocidos respecto a esa persona;
la larga lista de dudas acerca de todo que se imprime en tu cabeza;
alguna pista que ignoraste y que fue la razón de “el final”;
cosas que celebraron; peleas; reconciliaciones; caricias; 
algún viaje juntos; encontrar por “casualidad” esas fotos juntos que debían haberse borrado; pensar en planes que nunca se concretaron; 
charlas infinitas que provocaron tantos insomnios;
canciones dedicadas que vuelves a escuchar casi que por tortura;
noches en que te quedabas viéndola dormir;
mañanas donde lo primero era despertar sintiendo sus besos;
mentiras; desilusiones... 
En fin, lo bueno y lo malo pasa por la mente hasta que la lluvia termina, el cielo se despeja y el sol vuelve a brillar.
Nos “permitimos” -para algunos es inevitable- ser débiles y recordar algo que nos entristece pero eso sirve para mirar lo que tenemos y seguir esforzándonos por mejorar día a día, si es posible con una sonrisa y ayudando a otros a hacer lo mismo.

Tengamos en cuenta que el pasado puede que haya sido doloroso, pero nunca podremos negar que nos enseño una gran lección.